miércoles, 11 de diciembre de 2013

In The House

Lo más difícil es no escribir una entrada con algún pie de página o distintas caligrafías. Una vez superado esto (me tomo varios días no se crean) seguimos adelante


La casa de hojas es un libro de miedo. Y asusta.
La casa de hojas es una matrioska. De muchas muñecas, muchísimas.
La casa de hojas es un juego. Tiene más niveles que el Candy Crush.
La casa de hojas es tú casa. Y la mía, claro.
La casa de hojas es un libro precioso. E impresionante.

La casa es aquello que nos impide cerrar los ojos, que nos lleva a leer una página más. La casa es el frío en los dedos al escribir de madrugada, al leer a la intemperie. La casa es aquello que nos arrebata, que nos quema. Es ese éxtasis que no se compra, esa obsesión que cabalga. Ese tam-tam que retumba, que baja por la montaña, que se parece tanto al palpitar nervioso del fracaso, del éxito. La casa es todo aquello que no es casa. La casa soy yo.

Detalle de la página 135. Notese como Sartre se convierte en Satre ¿será esta una clave más de lectura?

Coda aclaratoria
Ninguna lectura se queda en la numeración de las paginas pero pocas lecturas ofrecen tan amplio margen para, a voluntad del lector, alargar, profundizar o sumergirse en la historia que nos propone. La casa de hojas crea todo su universo. Es tal y tan abrumadora la cantidad de referencias reales o ficticias (¿qué más da?) en las que se soporta que negar la existencia de la casa, del manuscrito, la película fuera del libro es un absurdo.